miércoles, 30 de junio de 2010

JOHN DEWEY Y SU PEDAGOGÍA DE LA ACCIÓN EN EL CAMPO EDUCATIVO






Para empezar a hablar de John Dewey, debemos conocer un poco de su vida esto con la finalidad de analizar las diferentes concepciones de la pedagogía y la filosofía de la educación, en este documento se menciona una breve descripción de la trayectoria pedagógica del filósofo John Dewey, y diferentes citas referidas a la concepción de su filosofía pragmática a través de una escuela experimental, los factores que motivan sus ideas y algunas de sus obras importantes, las cuales han permitido que los lectores lleguen a diversos pensamientos y opiniones.
John Dewey (1859-1952) Filósofo norteamericano fundador del pragmatismo, y de gran importancia en el siglo XX, nació en Burlington (Vermont) en 1859. Graduado en la Universidad de Vermont en 1879. Impartió clases en Pennsylvania y en 1884 continuó sus estudios en la Universidad John Hopkins, la cual, fue la primera institución basada en el modelo alemán. Después de estudiar un doctorado enfocado a la filosofía de Kant, obtiene la dirección del departamento de filosofía en la Universidad de Michigan. Aquí fué donde Dewey conoció Alice Chipman, quien primero fué su estudiante y posteriormente su esposa, además de ser quien dió “sentido y contenido” a su labor pedagógica, pues se interesó por la enseñanza pública y fundó el Club de doctores de Michigan. Es entonces cuando publica su famoso Text- Book of Psychology, el cual fue el primer manual escrito por un norteamericano sobre la nueva psicología, aún siendo ésta filosófica o más bien psicológica, ya que la psicología es la ciencia nuclear, pues su objeto, el conocimiento, interviene en todas las demás, sobre todo las ciencias sociales y humanas, por lo cual, el centro de su sistema es el hombre y su adaptación inteligente a la vida y su sentido y objetivo son el bienestar humano en la realidad física, social y ética.
A petición de William Rainey Harper, presidente de la Universidad de Chicago, Dewey tuvo una labor importante como profesor de filosofía en dicha institución, ya que al crear un nuevo departamento de pedagogía, logró crear al igual, una “escuela experimental” en donde puso a prueba sus ideas y elaboró los principios de su filosofía, en la cual defendía la unificación de la teoría y la práctica; su pensamiento estaba basado en que “democracia es libertad” y elaboró argumentaciones para fundamentar este pensamiento y de esta manera llevarlo a la práctica. Su escuela, conocida como “Escuela de Dewey”, comenzó con 16 alumnos y 2 maestros, y en el año 1903 ya tenía 140 alumnos, 23 maestros y 10 asistentes graduados. En su “Escuela Experimental”, Dewey escribió que “El niño va a la escuela para hacer cosas: cocinar, coser, trabajar la madera y fabricar herramientas mediante actos de construcción sencillos; y en este contexto y como consecuencia de esos actos se articulan los estudios: lectura, escritura, cálculo, etc.”
Cuando los niños comprendían la utilidad de resolver los problemas de sus actividades prácticas, se les enseñaba la lectura, ya que una lectura se puede leer, mas no entender, lo cual hace notar la importancia del aprendizaje significativo, es decir, del sentido que cada persona le da a los conocimientos que va adquiriendo.
Un ejemplo de la enseñanza experimental de Dewey, fué cuando los alumnos de 6 años construyeron una maqueta de una granja y sembraron trigo en el patio de la escuela, lo cual les permitió aprender algunas nociones matemáticas, pues para construir la granja fué necesario dividirla en campos para poder sembrar trigo, maíz y avena, y además tuvieron que aprender a organizar, pues la maqueta no sólo llevaría cultivos, sino también una casa y un granero. Usaron como unidad de medida una regla de un pie, lo cual les facilitó entender mejor el significado de mitades y cuartos, y a pesar de que sus divisiones no eran del todo exactas, eran suficientes para poder delimitar la granja y conforme conocían más esa unidad de medida, su trabajo se volvía más preciso. Para la construcción de la casa, usaron cuatro postes para las esquinas y algunos listones de la misma medida, y para que éstas fueran exactas, las medidas debían repetirse dos o tres veces.


El ejemplo mostró que para enseñar un tema (en este caso las medidas con fracciones matemáticas), es fundamental el interés del niño por realizar su actividad, ya que además se involucra en la solución de problemas y entiende que en el aprendizaje los errores igual constituyen una parte importante. Todo esto resaltaba aún más la pedagogía de Dewey, pues opinaba que “la mente no está realmente liberada mientras no se creen las condiciones que hagan necesario que el niño participe activamente en el análisis personal de sus propios problemas y participe en los métodos para resolverlos (al precio de múltiples ensayos y errores)”. De acuerdo a sus objetivos didácticos, Dewey quería que en la escuela elemental, los niños se involucraran en el conocimiento de ciencia, historia y arte, y que se les enseñara a leer, escribir y pensar de manera científica y estética. Fué exitoso en la creación de una comunidad democrática en su escuela y criticó a otras en las que los maestros no tenían la autorización de participar en cualquier decisión de la educación pública. Intentó llevar a la práctica la democracia en el trabajo, ya que los maestros se reunían semanalmente para examinar y planificar su trabajo para desarrollar el programa escolar, y aunque no podía hacer que las demás escuelas estuvieran a favor de la democracia, confiaba en que su escuela fuera una fuente de inspiración para los maestros y especialistas de la educación.
La comunidad precursora de Dewey duró poco tiempo debido a la lucha por el control de la Escuela experimental por parte de los que en ella trabajaban.
Posteriormente aceptó un puesto en la Universidad de Columbia, en la cual estuvo hasta el final de su carrera. Debido a la pérdida de esta escuela, Dewey no pudo concluir sus ideales democráticos dejando de esta manera un amplio campo para que otras personas aplicaran o anularan sus ideas pedagógicas.

EL LEGADO DE DEWEY:

La filosofía de Dewey fue atacada por sus enemigos de la educación progresista, lo que ocasionó que lo culparan de cualquier error cometido en el sistema educativo norteamericano. Su legado reside más en una visión crítica y hasta ahora la obra de Dewey sigue siendo fuente de inspiración a pesar de la exageración de los críticos, ya que la finalidad de la educación era ayudar al niño a resolver los problemas que se le presentaran dentro del ambiente físico y social y como resultado de su pragmatismo filosófico y su formación psicológica, buscaba resolver los problemas reales del hombre a partir del conocimiento psicológico.
Los factores principales que motivan las ideas pedagógicas de John Dewey son básicamente tres: la democracia, la revolución industrial (ya que los Estados Unidos se convierten en potencia industrial en la segunda mitad del siglo XIX) y la ciencia moderna, la cual tiene relación con el método científico y que juega un papel importante en su pragmatismo.

Dewey escribía a su esposa Alice: “A veces pienso que dejaré de enseñar directamente filosofía para enseñarla por medio de la pedagogía” (Dewey 1894). No obstante, nunca dejó de enseñar directamente la filosofía, sin embargo, sus pensamientos y opiniones llegaron a los lectores a través de diversas obras destinadas a los educadores, tales como La escuela y la sociedad (1899), Cómo pensamos (1910), Democracia y educación (1916) y Experiencia y educación (1938), entre otras, y de las cuales Democracia y Educación fué la obra que más se acercaba a su postura filosófica y aunque tuvieron que transcurrir varios años antes de que escribiera esta obra, donde establece los fundamentos filosóficos y sociales que sirvan de orientación para un mundo mejor, su escuela - laboratorio de fines del siglo XIX ponía ya las bases, mediante una inteligencia reflexiva y práctica, de una escuela activa y de un nuevo espíritu social.

Además de las obras mencionadas existen otras obras publicadas de Dewey: 1887 Psicología, 1891 Esbozo de una teoría crítica de la Ética, 1894 Syllabus para el estudio de la Ética, 1897 Mi Credo Pedagógico, 1899 Escuela y Sociedad, 1902 El niño y el curriculum, 1903 Las condiciones Iógicas para un tratamiento científico de la moral, 1903 Estudios sobre teoría lógica, 1910 Cómo pensamos, 1910 La influencia de Darwin y otros ensayos sobre el pensamiento contemporáneo, 1915 Las escuelas del mañana, 1916 Democracia y Educación, 1920 La reconstrucción en Filosofía, 1922 Naturaleza humana y conducta, 1925 Experiencia y naturaleza, 1929 La busca de la certeza, 1934 El arte como experiencia, 1934 Una fe común, 1938 Experiencia y Educación, 1938 La Lógica, Teoría de la Investigación, 1939 La teoría del valor, 1940 La educación hoy, 1940, La Ciencia de la Educación, 1946 Los problemas de los hombres, 1949 El conocer y lo conocido, 1962 Obras completas.

JOHN DEWEY, SU INFLUENCIA EN LA EDUCACIÓN

Democracia y educación. La formación del carácter del niño, el programa moral y político de la escuela, se califican a veces de “programa oculto”, pero en el caso de Dewey este aspecto de su teoría y práctica pedagógica no fue menos explícita, aunque bastante menos radical, que el resto de los objetivos asignados al programa de estudios. Dewey no dudaba en afirmar que “la formación de un cierto carácter” constituía “la única base verdadera de una conducta moral”, ni en identificar esta “conducta moral” con la práctica democrática (Dewey, 1897b).
Según Dewey, las personas consiguen realizarse utilizando sus talentos peculiares a fin de contribuir al bienestar de su comunidad, razón por la cual la función principal de la educación en toda sociedad democrática es ayudar a los niños a desarrollar un “carácter” conjunto de hábitos y virtudes que les permita realizarse plenamente de esta forma. Consideraba que, en su conjunto, las escuelas norteamericanas no cumplían adecuadamente esta tarea. La mayoría de las escuelas empleaban métodos muy “individualistas” que requerían que todos los alumnos del aula leyeran los mismos libros simultáneamente y recitaran las mismas lecciones. En estas condiciones, se atrofian los impulsos sociales del niño y el maestro no puede aprovechar el deseo natural del niño de dar, de hacer, es decir, de servir.

El espíritu social se sustituye por “motivaciones y normas fuertemente individualistas”, como el miedo, la emulación, la rivalidad y juicios de superioridad e inferioridad, debido a lo cual los más débiles pierden gradualmente su sentimiento de capacidad y aceptan una posición de inferioridad continua y duradera”, mientras que los más fuertes alcanzan la gloria, no por sus méritos, sino por ser más fuertes”. Dewey afirmaba que para que la escuela pudiera fomentar el espíritu social de los niños y desarrollar su espíritu democrático tenía que organizarse en comunidad cooperativa.
La educación para la democracia requiere que la escuela se convierta en una institución que sea, provisionalmente, un lugar de vida para el niño, en la que éste sea un miembro de la sociedad, tenga conciencia de su pertenencia y a la que contribuya.

La creación en el aula de las condiciones favorables para la formación del sentido democrático no es tarea fácil, ya que los maestros no pueden imponer ese sentimiento a los alumnos; tienen que crear un entorno social en el que los niños asuman por sí mismos las responsabilidades de una vida moral democrática. Ahora bien, señalaba Dewey, este tipo de vida “sólo existe cuando el individuo aprecia por sí mismo los fines que se propone y trabaja con interés y dedicación personal para alcanzarlos”. Dewey reconocía que pedía mucho a los maestros y por ello, al describir su función e importancia social a finales del decenio de 1890, volvió a recurrir al evangelismo social, que había abandonado, llamando al maestro el anunciador del verdadero reino de Dios.

Como da a entender en su testamento, la teoría educativa de Dewey está mucho menos centrada en el niño y más en el maestro de lo que se suele pensar, su convicción de que la escuela, tal como la concibe, inculcará en el niño un carácter democrático se basa menos en la confianza en las “capacidades espontáneas y primitivas del niño” que en la aptitud de los maestros para crear en clase un entorno adecuado “para convertirlas en hábitos sociales, fruto de una comprensión inteligente de su responsabilidad”.

La confianza de Dewey en los maestros también reflejaba su convicción, en el decenio de 1890, de que “la educación es el método fundamental del progreso y la reforma social”.
En la medida en que la escuela desempeña un papel decisivo en la formación del carácter de los niños de una sociedad, puede, si se la prepara para ello, transformar fundamentalmente esa sociedad. La escuela constituye una especie de caldo de cultivo que puede influenciar eficazmente el curso de su evolución. Si los maestros desempeñaran realmente bien su trabajo, apenas se necesitaría reforma: del aula podría surgir una comunidad democrática y cooperativa.

La dificultad estriba en que la mayoría de las escuelas no han sido concebidas para transformar la sociedad, sino para reproducirla. Como decía Dewey, “el sistema escolar siempre ha estado en función del tipo de organización de la vida social dominante”. Así pues, las convicciones acerca de las escuelas y los maestros que esbozó en su credo pedagógico no apuntaban tanto a lo que era, sino a lo que podría ser. Para que las escuelas se convirtieran en agentes de reforma social y no de reproducción social, era preciso reconstruirlas por completo. Tal era el objetivo más ambicioso de Dewey como reformador educativo: transformar las escuelas norteamericanas en instrumentos de la democratización radical de la sociedad americana.
La escuela de Dewey. Dewey declaró en 1896 que “la escuela es la única forma de vida social que funciona de forma abstracta y en un medio controlado, que es directamente experimental, y si la filosofía ha de convertirse en una ciencia experimental, la construcción de una escuela es su punto de partida. Dewey llegó a Chicago con la idea de establecer una “escuela experimental” por cuenta propia. En 1894 decía a su esposa: “Cada vez tengo más presente en mi mente la imagen de una escuela; una escuela cuyo centro y origen sea algún tipo de actividad verdaderamente constructiva, en la que la labor se desarrolle siempre en dos direcciones: por una parte, la dimensión social de esta actividad constructiva, y por otra, el contacto con la naturaleza que le proporciona su materia prima. En teoría puedo ver cómo, por ejemplo, el trabajo de carpintería necesario para la construcción de una maqueta será el centro de una formación social por una parte y de una formación científica por otra, todo ello acompañado de un entrenamiento físico, concreto y positivo de la vista y la mano”.

Dewey defendió ante los funcionarios universitarios una escuela que, manteniendo “la labor teórica en contacto con las exigencias de la práctica” constituiría el componente fundamental de un departamento de pedagogía –“el elemento esencial de todo el sistema”–, para lo que consiguió el apoyo de Harper, firmemente comprometido en la campaña a favor de la reforma educativa en Chicago.
En enero del año 1896, Dewey, abrió sus puertas la Escuela experimental de la universidad de Chicago. Empezó con 16 alumnos y 2 maestros, pero en 1903 ya impartía enseñanza a 140 alumnos y contaba con 23 maestros y 10 asistentes graduados. La mayoría de los alumnos procedían de familias de profesiones liberales y muchos eran hijos de colegas de Dewey.

La institución pronto se conoció con el nombre de “Escuela de Dewey” ya que las hipótesis que se experimentaban en ese laboratorio eran estrictamente las de la psicología funcional y la ética democrática de Dewey.

En el núcleo del programa de estudios de la Escuela de Dewey figuraba lo que éste denominaba ocupación, o sea un modo de actividad por parte del niño que reproduce un tipo de trabajo realizado en la vida social o es paralelo a él. Los alumnos, divididos en once grupos de edad, llevaban a cabo diversos proyectos centrados en distintas profesiones históricas o contemporáneas. Los niños más pequeños de 4 y 5 años, realizaban actividades que conocían por sus hogares y entorno: cocina, costura, carpintería. Los niños de 6 años construían una granja de madera, plantaban trigo y algodón, lo transformaban y vendían su producción en el mercado. Los niños de 7 años estudiaban la vida prehistórica en cuevas que habían construido ellos mismos, y los de 8 años centraban su atención en la labor de los navegantes fenicios y de los aventureros posteriores, como Marco Polo, Colón, Magallanes y Robinson Crusoe. La historia y la geografía locales centraban la atención de los niños de 9 años, y los de 10 estudiaban la historia colonial mediante la construcción de una copia de una habitación de la época de los pioneros. El trabajo de los grupos de niños de más edad se centraba menos estrictamente en periodos históricos particulares aunque la historia seguía siendo parte importante de sus estudios y más en los experimentos científicos de anatomía, electromagnetismo, economía política y fotografía. Los alumnos de 13 años de edad, que habían fundado un club de debates, necesitaban un lugar de reunión, lo que los llevó a construir un edificio de dimensiones importantes, proyecto en el que participaron los niños de todas las edades en una labor cooperativa que para muchos constituyó el momento culminante de la historia de la escuela. Habida cuenta de que las actividades ocupacionales se encaminaban, por una parte al estudio científico de los materiales y procesos que requería su realización, y por otra parte hacia su función en la sociedad y la cultura, el interés temático por las ocupaciones proporcionó no sólo la ocasión para una formación manual y una investigación histórica, sino también para un trabajo en matemáticas, geología, física, biología, química, artes, música e idiomas. Como escribió Dewey, en la Escuela experimental “el niño va a la escuela para hacer cosas: cocinar, coser, trabajar la madera y fabricar herramientas mediante actos de construcción sencillos; y en este contexto y como consecuencia de esos actos se articulan los estudios: lectura, escritura, cálculo, etc.”. La lectura, se enseñaba cuando los niños empezaban a reconocer su utilidad para resolver los problemas con que se enfrentaban en sus actividades prácticas. Dewey afirmaba que “cuando el niño entiende la razón por la que ha de adquirir un conocimiento, tendrá gran interés en adquirirlo. Por consiguiente, los libros y la lectura se consideran estrictamente como herramientas”.

Katherine Camp Mayhew y Anna Camp Edwards, que enseñaron en la Escuela experimental, reseñaron posteriormente este notable experimento educativo, presentando pruebas del éxito conseguido por Dewey y sus colegas al poner en práctica sus teorías, algo que también confirma el testimonio de otros observadores menos favorables. Bastará citar un solo ejemplo. Los alumnos de 6 años, basándose en la experiencia adquirida en actividades domésticas en la escuela de párvulos, centraron su labor en “las ocupaciones útiles en el hogar”. Construyeron una maqueta de granja y sembraron trigo en el patio de la escuela. Al igual que en la mayoría de las actividades de construcción de la escuela, la edificación de la maqueta de granja les permitió aprender ciertas nociones de matemáticas: “Cuando construyeron la granja, tuvieron que dividirla en varios campos para sembrar trigo, maíz y avena; y pensar también dónde instalarían la casa y el granero. Para ello, los niños utilizaron como unidad de medida una regla de un pie y empezaron a entender lo que significaba “un cuarto” y “una mitad”. Aunque las divisiones no eran exactas, bastaban para poder delimitar la granja. A medida que iban conociendo la unidad de medida y descubrían el medio pie, el cuarto de pie y la pulgada, su trabajo fue más preciso... Cuando construyeron la casa, necesitaron cuatro postes para las esquinas y seis o siete listones de la misma altura. Los niños podían equivocarse al medir los listones, de manera que las medidas tenían que repetirse dos o tres veces antes de que fueran exactas. Lo que habían hecho en un lado de la casa tuvieron que repetirlo después en el otro. Naturalmente, su trabajo ganaba en rapidez y precisión la segunda vez.

Los ejemplos que se mostraron anteriormente muestran no sólo cómo el interés del niño por una actividad concreta sirve de fundamento para enseñar un tema de estudio, sino también cómo familiarizarlo con los métodos empíricos de solución de problemas, en los que los errores constituyen una parte importante del aprendizaje.

La clave de la pedagogía de Dewey: Consistía en proporcionar a los niños “experiencias de primera mano” sobre situaciones problemáticas, en gran medida a partir de experiencias propias, ya que en su opinión “la mente no está realmente liberada mientras no se creen las condiciones que hagan necesario que el niño participe activamente en el análisis personal de sus propios problemas y participe en los métodos para resolverlos (al precio de múltiples ensayos y errores)”.
En la Escuela experimental, algunos críticos de Dewey lo consideraran favorable a una educación progresista “sin objetivos”.

Dewey declaró explícitamente sus objetivos didácticos, que se hicieron realidad en la práctica diaria de los maestros con los que trabajó. Dewey, al igual que el más acérrimo de los tradicionalistas, valoraba el conocimiento acumulado de la humanidad y quería que en la escuela elemental los niños tuvieran acceso a los conocimientos de las ciencias, la historia y las artes.

También quería enseñarles a leer y escribir, a contar, a pensar científicamente y a expresarse de forma estética. En lo que se refiere a los temas de estudio, los objetivos educativos de Dewey eran bastante convencionales, sólo sus métodos resultaban innovadores y radicales, pero esos objetivos, por convencionales que fuesen, estaban claramente enunciados.

Por importante que fuera la Escuela como campo de experimentación de la psicología funcional y el pragmatismo de Dewey, todavía fue más importante como expresión de su ética y su teoría democrática. En sus propias palabras, “lo primordial era la función social de la educación”.
La Escuela de Dewey: Era ante todo un experimento sobre educación para la democracia.
En esta escuela los niños participaban en la planificación de sus proyectos, cuya ejecución se caracterizaba por una división cooperativa del trabajo en la que las funciones de dirección se asumían por turno. Además, se fomentaba el espíritu democrático, no sólo entre los alumnos de la escuela sino también entre los adultos que trabajaban en ella. Dewey se mostró muy crítico con las escuelas que no dejaban que los maestros participasen en las decisiones que influían en la dirección de la educación pública. Reprobaba en especial a los reformadores que conseguían arrebatar el control de las escuelas de manos de los políticos corruptos sólo para conceder enormes poderes autocráticos a los nuevos directores escolares. Esta crítica era consecuencia del interés de Dewey por llevar la democracia, más allá de la política, hasta el lugar de trabajo.

En la Escuela experimental, Dewey intentó llevar a la práctica la democracia en el trabajo. La labor de los maestros se organizaba de manera muy parecida a la de los niños.
Los maestros se reunían semanalmente para examinar y planificar su trabajo y, aunque sin duda se veían limitados en sus críticas por la imponente presencia de Dewey, desempeñaban una función activa en la elaboración del programa escolar.

Dewey no tenía realmente una estrategia para que las escuelas norteamericanas en general se convirtieran en instituciones en favor de una democracia radical. Aunque no pretendía ni esperaba que los métodos de la Escuela experimental fueran seguidos de manera estricta en otros lugares, si albergaba la esperanza de que su escuela sirviera de fuente de inspiración para los que pretendían transformar la educación pública, así como de terreno de formación y centro de investigación para los maestros y especialistas partidarios de la reforma. En este aspecto, subestimaba el hecho de que el éxito de la Escuela de Dewey se debía en cierta medida a que permanecía al margen de los conflictos, divisiones y desigualdades de la sociedad en general, aislamiento que resultaba difícil reproducir. Después de todo, se trataba de una pequeña escuela a la que asistían hijos de profesionales acomodados, dotada de profesores abnegados, bien calificados y en contacto con los intelectuales de una de las mayores universidades del país.

Aunque Dewey no tenía un plan preciso para convertir las escuelas en poderosas instituciones de oposición en el corazón de la cultura norteamericana, si tenía en cambio una clara visión de lo que a su juicio debían ser las escuelas en una sociedad plenamente democrática, y no sin éxito, intentó realizar esta idea en la Escuela experimental: Estaba claro que esa escuela no podía reproducirse socialmente. Aunque Dewey intentó relacionar la escuela con una vida social exterior incorporando las “ocupaciones” al núcleo del programa de estudios, suprimió conscientemente de ellas una de sus características más esenciales en la sociedad norteamericana al separarlas de las relaciones sociales de la producción capitalista y situarlas en un contexto cooperativo en el que prácticamente resultaban irreconocibles para los que las practicaban en la sociedad exterior.

Explicaba que en la escuela las ocupaciones clásicas ejercidas por los alumnos están libres de toda traba económica.
El objetivo no es el valor económico de los productos, sino el desarrollo de la autonomía y el conocimiento social. Las ocupaciones de la escuela, libres de preocupaciones utilitarias, están organizadas de tal forma que el método, el objetivo y la comprensión del trabajo estén presentes en la conciencia del que realiza el trabajo, y que su actividad tenga un significado para él. El trabajo de los niños no era un trabajo alienante, ya que no se producía en absoluto la separación entre la mano y la mente que existía en las fábricas y oficinas del país. Dewey calificó a veces la Escuela experimental de sociedad embrionaria, pero no se trataba en absoluto de un embrión de la sociedad que existía más allá de sus muros. Lejos de prometer una reproducción de la América industrial, preconizaba más bien su reconstrucción radical.

JOHN DEWEY: FILÓSOFO DE LA EDUCACIÓN DEMOCRÁTICA

• La educación centrada en el alumno.
• La autoexpresión.
• Actualización de capacidades.
• El plan de estudios integrado.
• La construcción del conocimiento. La agrupación heterogénea.
• Los grupos del estudio cooperativos.
• La escuela como la comunidad.
• La experiencia práctica.
• Reconocimiento de la diversidad.
• Maestros como asesores.
• El pensamiento crítico.

Estas palabra llevan a una refutación o un debate educativo a la entrada al Siglo XXI, los últimos modelos de reforma escolar manejados por gurus de mejoramiento contra la oposición de la tradicional y anti-progresivo de los conservadores políticos. Atrás de su estilo contemporáneo, sin embargo, estos conceptos se derivan de un sistema de ideas vigorosas, complejas que se agruparon por primera vez y se unieron a la reforma de la educación antes del año 1900. Su defensor más conocido, John Dewey, nació hace casi 150 años. Él gastó su vida larga escribiendo incansablemente ensayos voluminosos en un estilo denso, opaco, accesible a los lectores con el entrenamiento formal en la filosofía y lógica.
A pesar de su estilo abstracto y difícil, las ideas de Dewey han mantenido a la vez una justificación para la reforma educativa y un blanco para los críticos de educación. Aquéllos que invocan su nombre y aquéllos que lo demonizan, así como muchos que atacan a sus ideas sin la mínima noción de su procedencia, tendrían dificultad para explicar por qué su fantasma todavía flota encima de cualquier conversación seria sobre que hacer con las escuelas.
Durante su vida profesional entera, John Dewey que nació en 1859 y se murió en 1952, era un estudiante y maestro de filosofía. Junto con Charles Sanders Peirce y William James, él ayudó en llevar a la filosofía académica en los Estados Unidos a su madurez, levantando la materia a un estado que rivalizó los centros viejos de los pensadores principales en Europa. En 1920, recibiendo un grado honorario de la Universidad Nacional de China, Dewey se llamó un "segundo Confucius". A la celebración de sus 90 años, Dewey insistió que él mismo se concibe como "primero, último, y todo el tiempo, comprometido con la vocación de filosofía". Todo sus otros intereses, en la política, problemas sociales, y educación, como él dijo, era "un resultado y manifestación de mi interés principal en la filosofía."
La filosofía de Dewey desarrolló gradualmente de su fondo en el Protestantismo evangélico que influyo la educación en los estados unidos durante su juventud. Casi todas las universidades privadas en aquel entonces eran asociadas con iglesias específicas. Incluso las universidades públicas, teóricamente seculares, estaba en riesgo de perder el apoyo de legisladores si cualquiera de sus maestros pareciera promulgar ideas que no apoyaron la doctrina religiosa prevalente. Cada institución de educación superior tenía una sección de "Filosofía Moral" donde el profesor más eminente de la universidad - normalmente un clérico que también era presidente de la universidad-impartió un estudio de los grandes filósofos de la tradición Occidental e interpretó cada uno por lo que se refiere a la doctrina cristiana.
Las escrituras de Charles Darwin y sus seguidores que sugirieron que la verdad sobre el mundo material alrededor de nosotros, e incluso sobre nuestras propias naturalezas, sería determinada en una mejor manera por la investigación empírica, científica, desafió a estos clérico-filósofos. Ellos enfrentaron las nuevas y difíciles preguntas. ¿Aprendemos la verdad a través de la experiencia y observación? ¿O nacemos con las ideas innatas sobre la naturaleza de Dios y nuestras almas? Las secciones de Filosofía Moral empezaron a ofrecer los cursos en "Psicología Fisiológica" donde sus profesores trataron de resolver estas preguntas. La psicología se vio entonces como un adjunto de la filosofía, una herramienta científica para descubrir las respuestas a preguntas que la filosofía había investigado desde antes del tiempo de Platón.
Aunque Dewey trabajó dentro de la tradición religiosa para la mayoría de los primeros 10 años de su carrera como profesor en la Universidad de Michigan, varios eventos le obligaron a reconsiderar los problemas prácticos, sociales, particularmente aquéllos relacionados con la educación y la vida democrática. Él se involucró en el esfuerzo de la universidad para investigar la preparación y formación académica de maestros de las escuelas públicas de secundaria. Sus estudios lo persuadió de la necesidad de una teoría educativa basada en lo mejor que puede ofrecer las disciplinas de pedagogía, psicología, y filosofía.
El acercamiento pragmático de su esposa Alice, quien ha tenido contacto con los indígenas del oeste, y participó en la defensa de sus derechos, combinó con la última prueba de sus teorías abstractas - la experiencia de observar el desarrollo de sus propios niños. Él y Alice tenían seis niños también adoptaron a un niño italiano. Además, cuando él tenía casi 80 años, Dewey y su segunda esposa adoptaron a dos niños belgas dejados huérfano en el Segunda Guerra Mundial. Max Eastman, un alumno y amigo de Dewey, escribió, "Como un lógico, Dewey es a su mejor con un niño subiendo a una de sus piernas y otro pescando en su tintero". La presencia constante de los niños "mantuvo presente los problemas de filosofía completamente confundido con los problemas de educación."
Dewey se ofreció el puesto de director de la Sección de Filosofía en la Universidad de Chicago, recientemente fundada en 1894. Ya profundamente interesado en las materias de educación y empujado por su esposa de considerar las desigualdades en la sociedad y la condición de los perjudicados, Dewey llegó en Chicago a un momento cuando la ciudad se estaba definiendo por sus problemas sociales. Huelgas violentas, escándalos, exposiciones de fraude y abuso llevaron a los reformadores a buscar maneras de asimilar los inmigrantes de clase obrero domo parte de una comunidad democrática viable. Llevado por Jane Addams que pronto se hizo una amiga íntima de los Dewey, estos reformadores propusieron cambios novedosos y hasta revolucionarios de las instituciones públicas, incluso las escuelas públicas. El contacto con estos reformadores y su visión de nuevas posibilidades sociales llevó a Dewey a una nueva fe en la democracia que él dijo es "más de una forma de gobierno"; es "un modo de vivir asociado, de experiencia comunicada conjunta (conjoint communicated experience)".
Encargado con la transformación del Departamento de Filosofía a una institución de investigación y enseñanza de primera clase, Dewey fortaleció el cuerpo docente inmediatamente y agregó los cursos en los campos de psicología y pedagogía - el último se volvió a un departamento separado también dirigido por Dewey. Él propuso que el estudio de pedagogía debe ser científica, con las oportunidades de desarrollar experimentos que prueban las hipótesis sobre enseñar; y él persuadió al presidente y los fideicomisarios de establecer un laboratorio educativo, una escuela en que los profesores y alumnos a nivel posgrado podrían probar sus teorías y podrían demostrar la validez de nuevas ideas sobre la educación.
Para Dewey, sin embargo, la escuela estaba más de un laboratorio para la investigación en la pedagogía. En Democracia y Educación (1916), su trabajo más extendido en la educación, él escribió, "la educación es el laboratorio en que las distinciones filosoficas se ponen concretas y se prueban," y "la filosofía es la teoría de educación como una práctica deliberadamente dirigida". Dewey concibió de la escuela del laboratorio como un experimento para probar las hipótesis que eran la base de su filosofía entera.
Para traducir sus abstracciones filosóficas en "una práctica deliberadamente dirigida" en las aulas de la nueva escuela, Dewey confió en el consejo de otros, particularmente el de su esposa. Según Max Eastman, Alice Dewey tradujo las nociones abstractas de su marido a planes para acción, mientras sus propios niños y los otros estudiantes en la escuela actuaron como una restricción a las teorías poco realistas.
La Escuela Elemental Universitaria (pronto llamado "el Dewey School" o "la escuela del laboratorio") abrió en el 1896 de enero. Seis años después, su matriculación había crecido a 140 con un personal de 23, más los ayudantes (alumnos en posgrado). Mientras algunos se pueden haber asustado por la idea de tratar a los niños como los animales del laboratorio y experimentar con su desarrollo, muchos colegas y partidarios de Dewey proporcionó alumnos y el apoyo financiero para permitir a la escuela florecer y llamar la atención nacional.
La filosofía educativa de la escuela estaba arraigada en las premisas de la filosofía y psicología de Dewey. El primero entre sus afirmaciones era la creencia de que una escuela es un microcosmo de sociedad, y que el proceso de educación es, o debe ser, simplemente una versión más controlada del proceso de crecimiento en sociedad que todos los humanos siempre han experimentado. Nosotros crecemos cuando confrontamos la necesidad para superar un obstáculo o resolver un problema para lograr algo que queremos o que necesitamos. Observamos, probamos las soluciones posibles, y aprendemos de los resultados de cada esfuerzo por interactuar con nuestros ambientes, y nunca actuamos en el aislamiento. Como seres humanos, vivimos en comunidades, y todas nuestras acciones afectan otros, así como sus acciones nos afectan.
Según Dewey y sus seguidores, la primera responsabilidad de la escuela era invitar a la curiosidad natural y la actividad del niño y dirigir éstos hacia la investigación de materias de interés. Maestros, como los padres (modelos para maestros), dan a los niños "las oportunidades apropiadas y condiciones" para aprendizaje y expresión que les lleva a la investigación y indagación extensa. Toda actividad ocurre en un contexto social de la experiencia compartido en la comunidad escolar dónde los niños reciben el estímulo y experiencia para el desarrollo social y moral. El progreso del alumno es medido por su capacidad , no de re-empaquear información, pero de demostrar su habilidad en encontrarse en nuevas situaciones inteligentemente y expresar y compartir sus experiencias.
Para Dewey, el desafío de la Escuela del Laboratorio era "descubrir en la administración, la selección de materias, los métodos de aprender, enseñar, y disciplinar. Cómo una escuela pudiera volverse una comunidad cooperativa mientras desarrollando en los individuos sus propias capacidades y satisfaciendo sus propias necesidades". Bajo la direccion de Dewey y su equipo, desarrollaron un plan de estudios atterizado en lo que Dewey llamó "ocupaciones". Actividades como cocinar, tejer, coser, la carpintería, y el trabajo metalúrgico llevaron a los alumnos a la investigación de los contextos históricos y sociales de tales actividades y luego al estudio de ciencia, historia, geografía, y un rango ancho de culturas humanas.
En cambio, cuando la enseñanza de leer y escribir se construye en las situaciones en que "cada uno tiene algo individual que expresar, el estímulo social es un motivo eficaz a la adquisición". Dewey concedió que su sistema no puede enseñarles inicialmente a los niños a leer tan rápido como los métodos tradicionales, pero él estaba seguro que ellos "harían más progreso después cuando desarrolla el verdadero interés en el uso de una idioma."


El Desarrollo individual y los Valores Democráticos:

Los excesos de educación progresiva, y los mal entendimientos de la filosofía de Dewey, saltaron en parte de la dificultad de reconciliar las dos proposiciones centrales de su teoría educativa: 1) que la educación debe promover el crecimiento y desarrollo de los capacidades de un individuo; y 2) que la educación debe reflejar y nutrir los valores de la sociedad democrática en que opera.
En general, lo que estamos aprendiendo de la psicología humana ha tendido a vindicar la mayoría de las afirmaciones de Dewey sobre el desarrollo y aprendizaje. Educadores aceptan que ese aprendizaje empieza con el involucramiento activo del niño en la materia; que el conocimiento está construyéndose constantemente, se modifica por la experiencia, y entonces se reconstruye; y que los humanos, como seres sociales, aprenden mejor por responder a las demandas de cooperación que en el aislamiento.
La insistencia de Dewey que la educación en una democracia debe reflejar los objetivos más altos de la sociedad humana, los intereses comúnes de todos sin tomar en cuenta las diferencias de "la clase, la raza, o el territorio nacional," ha sido mucho más difícil incorporar en la práctica:

BIBLIOGRAFÍA:


* Dewey, John, Cómo pensamos, ed. Paidós, Barcelona, Edición 1933.
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